domingo, 15 de junio de 2014

Pochas con calabaza


Guisamos unas pochas con calabaza, plato ligero y sabroso. Como no tenemos pochas frescas, tomaremos un bote de pochas en conserva, de cuatrocientos gramos una vez escurridas, y ajustaremos los demás ingredientes a esa medida.








Tomamos media cebolla, un pimiento pequeño, un tomate pequeño y cuatro dientes de ajo.








Tomamos un trozo de calabaza. no más que la medida de un puño.








Cortamos la cebolla en brunoisse...









... y el pimiento en la misma forma.







Llevamos la cazuela al fuego con tres cucharadas de aceite. Añadimos la cebolla y dejamos pochar hasta que transparente, momento en el que añadimos los dientes de ajo pelados y el pimiento.








Cortamos la calabaza en dados y...








... la incorporamos al sofrito.








Añadimos, también, el tomate pelado y una buena pizca de sal. Dejamos que se haga todo a fuego entre medio y bajo.








Cuando está pochado, abrimos el bote de las pochas....








... e incorporamos al guiso...








... y cubrimos de agua.








Llevamos a ebullición.









Pasados unos diez minutos de cocción, está listo. Emplatamos.








Espero que os guste.






Aperitivo de rábanos en salmuera


Hemos conseguido unos rábanos fuertes, grandes, sabrosos, picantes, casi un poco excesivos, y...








... decidimos prepararlos en salmuera para bajarles los humos. Lavamos bien y cortamos por mitad, a la larga.









Embotamos en un bote con una cucharada de sal, la mitad o un poco más de agua, y el resto, de vinagre.










Dejamos que pasen unas horas, y ...








Emplatamos.







Que sea de gusto.




Sin palabras

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lunes, 9 de junio de 2014

Los huevos rellenos de la Señora Victoria


Recuerdos de niñez y gastronomía... La Señora Victoria es la madre de la autora. La muerte se la llevó va para veinte años, pero la maternidad se conjuga siempre en presente de indicativo porque no se puede conjugar en ningún otro tiempo. Sería un disparate.

La Señora Victoria, miembro de familia numerosa, casó con el Señor Isidro, miembro de familia numerosa; y entre los dos, tuvieron familia numerosa. El hogar, tarde sí, tarde también, asemejaba más una venta que una casa y, a mayor duelo, los hijos le salieron -le salimos- malos comedores: que si esto, que si lo otro... En fin: que la Señora Victoria exploraba en su imaginación y en el recuerdo de sus antepasados cuatro o cinco platos cada día para que, al final, le comieran los hijos, los hermanos, los cuñados... la familia.

Un plato resultón, que tenía éxito de público y se lo comían todos la mar de bien, eran los huevos rellenos; unos huevos rellenos llenos de cariño y sin demasiadas imaginaciones para no ahuyentar el apetito de la familia.

En su recuerdo, en su homenaje, vamos a preparar sus huevos rellenos:







Tomamos unos huevos cagados por la gallina a modo tradicional.








Los ponemos a hervir en agua abundante con una buena cucharada de sal.








Cuando el hervor rompe con brío, lo mantenemos así durante quince minutos.









Terminado el hervor, los dejamos reposar en su agua durante otros diez minutos, para que pierdan el calor con sosiego.








Pelamos los huevos...








... y los abrimos por mitad, a la larga.









Reservamos las medias claras...








... y -por otro lado-, casi todas las yemas.









Ponemos a la mano atún en escabeche, mejor comprado a granel porque resulta más jugoso.








Hemos puesto en un lebrillo casi todas las yemas porque hemos reservado dos para las decoraciones:








En el lebrillo donde aguardan casi todas las yemas, incorporamos el atún, a razón de unos ciento cincuenta gramos por docena de huevo, y una pizca de sal.









Trabajamos bien con el tenedor, y vamos añadiendo mayonesa hasta conseguir una masa firme y homogénea.









Tomamos un diente de ajo pequeño y unas hojas de perejil...









...que reducimos a su mínima expresión. Si no hay cuajo de doscientos cortes para un diente de ajo pequeño, se consigue un pinche que lo haga -como ha sido el caso- y, si no lo hubiera, se pica con un molino de verduras.









Se incorpora el ajo y el perejil picados, y se sigue trabajando con el tenedor hasta homogeneizar la masa.









Rellenamos las medias claras con la masa, de  modo que queden bien lucidas.









Decoramos con mayonesa y dejamos llover las yemas que teníamos reservadas, pasadas por el rallador.










Decoramos con olivas, verdes y negras, dispuestas al tresbolillo.









Emplatamos:








Espero que os guste.





domingo, 8 de junio de 2014

Tortilla de camarones

En Cádiz, y aún más por carnavales, se acostumbra a comer tortitas de camarones, que es preparación de masa de harina de trigo, tres cuartas partes, garbanzo, la otra cuarta, agua, levadura, sal y camarones, y que se amasa, se sacan tortitas y se fríen en aceite de oliva. Pues bien: ese es otro plato.


Nosotros teníamos unos camarones en conserva sobrantes de otra preparación, y decidimos aprovecharlos para hacerlos en tortilla. Vayamos, pues, al guiso.








Empezamos por escurrir los camarones para que pierdan el caldo se su conserva.








Picamos muy menudo un diente de ajo y unas hojas de perejil.








Salteamos los camarones y...









... cuando se acercan al punto, añadimos el ajo y el perejil. Salteamos todo y reservamos.








Tomamos dos huevos de buena planta...








... que acaban por darnos dos claras y tres yemas.








Añadimos una pizca de sal y batimos con alegría y un tenedor.








Añadimos los camarones salteados...






... y llevamos a la sartén bien caliente y con unas gotas de aceite y hacemos por los dos lados, no más de dos minutos por lado.  (Técnica en la receta de la tortilla de patatas). Emplatamos.






Que sea de gusto.




Pincho de morcilla


Hoy preparamos un pincho de morcilla.

Es sabido que la mejor morcilla es la de mi pueblo, y que eso vale para todos los ciudadanos y todos los pueblos de España. El autor, más por hedonismo que por imperialismo, considera que casi (casi) todas las morcillas que ha probado, fueran de su pueblo o de cualesquiera otros pueblos de España, son exquisitas. A lo mejor, es cosa de afición: desde luego -y eso tuvo oportunidad de decirlo ante un Tribunal de Justicia- si pinta de comestible, redondo y negro, mejor morcilla que caviar. ¡Qué duda cabe...!

Nuestro carnicero Marc tiene unas morcillas de cebolla que, como no podía ser de otra manera, están muy ricas, así que no procede andar en más elucubraciones ni búsquedas complicadas.

Tomamos un par de morcillas, les quitamos las puntas y las cortamos en dos, en redondo. (Las puntas se pueden desechar o, como hizo el autor, se pueden comer en crudo y ¡Santas Pascuas!.








Llevamos a la sartén, sin aceite, una rebanada de pan por cada trozo de morcilla, y damos fuego lento para que calienten y tuesten un poquitín








Cuando el pan está en sazón, lo retiramos y añadimos los trozos de morcilla que depositamos por el lugar del corte. Seguimos a fuego mínimo y, ahora, añadimos unas gotas de aceite de oliva.








Cuando están hechos (pongamos que cuatro minutos por cada lado), depositamos sobre las rebanadas de pan. En algunos, ponemos un trozo de pimiento asado. En otros, no. Pinchamos con un palillo y sacamos a degustación de los comensales.







Que sea de gusto.