domingo, 4 de agosto de 2013

Pochas de Navarra


Las pochas son alubias blancas tempranas. Se recolectan en su punto de madurez, es decir: cuando el grano aún está tierno y se puede clavar la uña con facilidad. Se recoge con su vaina y se deja secar al sol hasta que la vaina amarillea, pero sin que seque el grano.

En temporada (hacia el verano), se pueden encontrar en los mercados de Navarra y Rioja, y otros lugares, en tiendas especializadas. Fuera de temporada o territorio, se pueden disfrutar las pochas embotadas por un embotador de confianza; por ejemplo: JAE o GUTARRA (se hace constar que no patrocinan este blog).







Vamos al guiso:


Presentamos los ingredientes que vamos a necesitar: Aceite de oliva, sal, pimiento verde, cebolla, tomate, ajo y pochas. Nada más.









Empezamos con las verduras:






Echamos en una cazuela un chorro generoso de aceite de oliva y añadimos un par de dientes de ajo por comensal, y ponemos al fuego.






Mientras se doran los ajos, picamos la cebolla (media cebolla para dos personas, aproximadamente)...






... y picamos el pimiento, según se ve en la foto.






Cuando los ajos están dorados, añadimos la cebolla y le damos unas vueltas para que se haga bien.






Cuando la cebolla toma color, echamos el pimiento, y damos unas vueltas para que se poche todo.






Entre tanto, rallamos un tomate maduro...






...y esperamos a que las verduras estén listas.






Incorporamos el tomate rallado y damos unas vueltas con atención porque el tomate se hace enseguida.






Pochadas las verduras...






... añadimos las pochas...






... y cubrimos de agua caliente.






Damos un hervor y quedan listas para emplatar. A nosotros, nos gusta comerlas con unas guindillas o piparras en vinagre. También se les puede echar unas virutas de jamón.





Emplatamos.






Espero que os guste.


sábado, 3 de agosto de 2013

Tapa de boquerones en vinagre


Ya se ha explicado en este blog que el bocarte en un pescado azul que se da en llamar boquerón o anchoa, según las preparaciones. Hoy preparamos unos boquerones en vinagre.




Empezamos por dar un agua a los boquerones que Nuri, nuestra gentil pescatera, ya nos ha servido desespinados y limpios.




Los dejamos, bien limpios, en la escurridera, y dentro de la nevera para que sequen al punto adecuado, y con los lomos bien firmes. Ya escurridos, los incorporamos a un táper, por capas, y cerramos bien. Llevamos al congelador.




Congelar es importante porque, de un tiempo a esta parte, los peces traen anisakis, que es un parásito que vive en los pescados, y deja sus huevas, de modo que, en comiéndolo, puede anidar en la tripa del comensal, en su intestino. Es como un gusano que enraíza en la mucosa intestinal, y va chupando la sangre de la que vive como una sanguijuela. A veces, hay un bicho o unos pocos, y el digestólogo los puede sacar con el colonoscopio, pillándolos con la pinza y tirando hacia fuera. No hace falta más: un puntito de sangre y ¡ya está!. Hay veces que las colonias se reproducen mucho y causan verdaderas oclusiones intestinales que provocan cuadros de abdomen agudo quirúrgico y hay que abrir la barriga para proceder a desinsectar, con resecciones intestinales y todo. Nosotros, como cocineros, sólo podemos hacer dos cosas para eliminar el anisakis que, en vivo o en huevas, ande por nuestros pescados: cocinar a altas temperaturas, como la cocción o la fritura, o congelar. Lo demás, desde la salazón al vinagre, no elimina el anisakis.

Congelamos, pues, y como nuestro congelador es doméstico, por muchas estrellitas que tenga, y para asegurarse no marrar el tiro, congelamos por una semana de siete días.

Pasada la semana, sacamos del congelador y llevamos a la nevera, a la zona más fría, para que descongele despaciosamente, en lo que se llevará su buen día de veinticuatro horas. Escurrimos los pocos jugos que ha desprendido la descongelación y, mientras, cortamos en juliana fina una cebolla tierna.







Disponemos en un táper, y por capas, los boquerones y la cebolla...




... y echamos vinagre de vino hasta cubrir. Cerramos y devolvemos a la nevera.




La maceración en vinagre depende de la temperatura y el tiempo. En la nevera es más despaciosa, por lo que la podemos controlar mejor. Iremos viendo cómo evoluciona el color, y éste será el determinante del punto conque queramos la preparación: cuanto más maceradas, más blancas, y más avinagradas. Si sólo dejamos que emblanquezcan lo justo, mantendrán todo su espléndido sabor a boquerón crudo. Será decisión del cocinero acabar con la maceración en el punto que le parezca adecuado.

Nosotros, más aficionados al boquerón que al vinagre, hemos dejado la maceración al punto de que no pierda del todo su color, y emblanquezca un poco, no del todo. Sacamos, escurrimos bien y devolvemos al táper por el mismo procedimiento: por capas, alternando los lomos de boquerón y la cebolla.

Echamos aceite fino de olivas hasta cubrir, y devolvemos a la nevera para que, ahora, nos macere en aceite.






Dejamos pasar un día y, a partir de entonces, ya podemos servir y degustar.





Que sea de gusto


domingo, 28 de julio de 2013

Pincho de relleno


El relleno es un embutido hecho como la morcilla, pero sin sangre, entripado en intestino de vaca. Se hace, que sepamos, en la montaña de Navarra, en la de Murcia y en la de Granada. Cada cual a su manera (con huevos, patatas, arroz, tocino, miga de pan remojado...). Hoy probamos el relleno navarro, de huevo, arroz y tocino, por gentileza de nuestro amigo Toni.






Disponemos unos panecillos que abrimos por  mitad, dejando la parte de arriba para otro pincho...





... y tomamos el relleno...




... que cortamos en rodajas como de un dedo de grosor.





Pasamos por la plancha los medios panes, y el relleno con una gotita de aceite justo debajo, vuelta y vuelta para que tome color y le suba el sabor.





Lo presentamos sujeto con un palillo de pinchos corto.

Espero que os guste.






Vainas cocidas con patatas




Plato fácil, sencillo y sabroso, pero que requiere de su minuciosidad, como todo lo que se hace al debido modo.





Ponemos agua a hervir con una cucharada de sal. Mientras arranca el hervor, troceamos las vainas (o alubias verdes), y quitamos las puntas y los hilos de los lados.




Las lavamos en agua con un chorrito de vinagre, escurrimos y las ponemos a hervir.




Dependiendo del gusto por el amargo de las verduras, las dejamos hervir de cinco a diez minutos. Con diez, menos amargo.




Preparamos un bol con agua fría y unos cubos de hielo...




... y echamos las vainas, ya cocidas, para que recuperen textura, queden más prietas y mantengan el sabor.




En el mismo agua cocemos unas patatas que hemos partido en trozos cómodos para la ingestión.




Escurrimos las vainas una vez bien frías, y dejamos que vayan recuperando temperatura para acercarse a la del ambiente.




Cocidas las patatas (a, más, o menos, un cuarto de hora de cocción, y previo comprobar con el canto de la cuchara que se parten fácilmente), las pasamos al escurridor para que pierdan temperatura y se acerquen a la del ambiente.





Emplatamos, y echamos unas gotas de vinagre y un chorrito de aceite de olivas. Nada más.




Espero que os guste.


domingo, 14 de julio de 2013

Gazpacho andaluz con un toque


Verano, Andalucía, España, Gazpacho... todo distinto y todo uno. Esencias encerradas en la flora y en la costumbre que explotan en una exhibición de hasta qué punto puede ser ubérrima la Madre Naturaleza, y la buena disposición con la que lo aprendieron nuestros antecesores. El gazpacho debería explicarse en las cátedras de Derecho Político y Teoría del Estado. A lo mejor, nos vendría muy humildemente bien; o sea: muy bien.






Hoy vamos a preparar un gazpacho con truco, para hacer más llevadera la digestión. Empezamos por los ingredientes tradicionales, en razón de preparar un litro de gazpacho: un pepino pequeño, un par de pimientos verdes, medio pimiento rojo, media docena de tomates, una cebolleta y un diente de ajo.




Troceamos las verduras y las llevamos al vaso de la batidora , con una copa de agua bien fría.




Bien triturado, lo pasamos por un colador de malla fina, para quitarle las pepitas y los pellejos, que nos molestarían al paladar, dándole buenas vueltas con una cuchara sopera para aprovechar bien los jugos y que caigan colados.




Ahora vienen los trucos: en vez de añadir pan seco de víspera, previamente remojado en agua, como es de tradición, añadiremos pan de molde, que nos viene muy bien para trabar la preparación, y añadiremos una manzana Golden, que nos suavizará el ajo y nos facilitará la digestión del pepino y el pimiento que, a veces, se arrebatan en la tripa y piden quórum toda la tarde.




Disponemos en el vaso de la batidora un poco del colado de las verduras, el pan reducido a pellizcos...




... y la manzana pelada, descorazonada y cortada a cachos.




Trituramos con energía -todo lo que da la batidora- y vamos añadiendo el colado de los jugos de las verduras, una cucharada de vinagre, dos de aceite, y una pulgarada de sal, hasta que nos quede una crema uniforme y apetitosa. Al espectador se lo dicen , al estéreo modo, el aroma y el aspecto:




Cortamos en dados un pan de víspera, debidamente seco, y desprovisto de la costra y picos...




... que freímos en aceite bien caliente y reservamos en un plato con una hoja de papel de cocina para que absorba el exceso de aceite, con lo que hacemos unos ricos picatostes...





Disponemos unos cuencos con los ingredientes troceados en bien pequeño (pimiento verde, pimiento rojo, tomate, cebolleta) y otro, con los picatostes. Ya está listo. Emplatamos en una copa y unos lebrillos para los tropezones.




Servimos con un tinto de verano (vino -una octava dulce, siete octavas, seco- en copa grande, mitad de vino y  mitad de gaseosa, y con medio limón partido en cuartos y tres o cuatro cubos de hielo)




Que sea de gusto. 

Anchoas albardadas



El bocarte es un pescado exquisito. En los mercados se conoce por boquerón o anchoa, indistintamente. Cuando se pone por un día, crudo, en vinagre y con una cama de cebolla, se llama siempre boquerón. Cuando se conserva en sal gorda, descabezado y destripado, por camas y con un peso por encima para que la sal lo encurta, se llama anchoa. En las demás preparaciones, se usan los dos nombres indistintamente.

Hoy preparamos unas anchoas -o boquerones- rebozados, o como se dice en todo el Cantábrico oriental, Castilla y Navarra, albardadas.





Disponemos unas anchoas bien frescas que Nuri, nuestra pescatera, nos ha servido ya limpias, descabezadas y desespinadas, des damos un último lavado y escurrimos al frío de la nevera para que nos queden los lomos bien firmes.




Disponemos un lebrillo con harina fina de trigo...




... y otro, con un huevo de gallina.




Batimos el huevo con una pizca de sal. Salamos y enharinamos las anchoas abiertas...




y, una vez enharinadas, las rebozamos en huevo.




Freímos por tandas, no más de dos minutos por cada lado, justo que tomen color.




Servimos inmediatamente.




Espero que os guste


Melón al melón



El melón, fruta de verano por excelencia, puede comerse de muchas maneras, pero la más sencilla es comerlo solo, reposado en si mismo y con el caldo de sus propios jugos.

La receta no puede ser más sencilla: Abrir un buen melón en su punto, quitarle las pepitas, vaciarlo haciendo bolitas con el vaciador, y dejarlo en reposo, tapado, en la nevera, por veinticuatro horas. Servir.



Espero que os guste